El Invierno, tiempo de renovarse

Con la llegada del frío, tiempo de escucha y slow rythm

El invierno, aunque puede ser una de las estaciones más difíciles de llevar, puede ser una de las que más te puede enseñar sobre ti mism@.

La naturaleza se encuentra despojada de sus flores, hojas y calor, la tierra en reposo, revela su desnudez a través de los árboles despojados de sus hojas, y su escasez de producción infunde un gran respeto.

La naturaleza te refleja una oportunidad larga para hibernar y renovarte.
El invierno oscuro trae la Navidad, época de celebraciones y rituales que te recuerda que conectes con tu luz interior, con el brillo potencial de tu alma, y el Año Nuevo, una llamada a reflexionar sobre el pasado, apreciar el presente y soñar con el futuro.

Sin embargo, mientras que la naturaleza dice una cosa, la sociedad moderna dice otra completamente distinta, y entonces, la sabiduría del Invierno es ignorada, y puede que veas el descanso como algo improductivo e innecesario.

Quizás menospreciar el reposo del invierno tenga que ver con evitar mirar aquello de ti mism@ que te disgusta, que te incomoda…

Pero mirarte tal y como eres te ayuda a entrar la luz, a reconocer todo lo que hay en ti y quizás encontrar la manera creativa de hacer las cosas de otra manera para estar mejor contigo mism@.

Hay una práctica de invierno que me encanta y que la voy a compartir contigo.

Es una práctica que requiere tiempo para ti.

Son las “compresas de jengibre”

El jengibre además de ser una de las mejores infusiones para esta estación por sus cualidades para calentar sirve para aliviar el dolor de la parte lumbar y dar energía a los riñones cuando estés agotada.

El calor del jengibre estimula la circulación, y alimenta la energía descendiente del cuerpo.

Para hacer las compresas, pon a hervir tres litros de agua en una cacerola de acero inoxidable.

Cuando el agua comience a hervir, ralla un pedazo de jengibre fresco y exprime su jugo en el agua muy caliente.

El jengibre rallado lo colocas en un trocito de tela firmemente apretado y lo dejas caer dentro de la cazuela, tapas la cazuela.

Utiliza toallas pequeñas, coge una de ellas y sosteniendo los dos extremos, sumérgela en el agua de jengibre caliente.

Prueba la temperatura de la toalla en el brazo, cuando esté a una temperatura cómoda, dobla la toalla y ponla directamente sobre el área de los riñones justo debajo de las últimas costillas.

Quédate un tiempo hasta que la toalla se enfríe y repite con otra toalla.

Repite esto entre 3 y 5 veces.

Al final del tratamiento, frota con aceite de sésamo la zona lumbar.
Disfruta de la sensación de calor!!

Con cariño y gratitud

Yolanda Andres
Author:
Yolanda Andres
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Psicóloga-psicoterapeuta, consultora de nutrición saludable, profesora de yoga, madre de dos hijas y amante de la naturaleza.
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